domingo, 5 de julio de 2009

A2

Qué textura tiene un sonido de trompeta, qué temperatura el de una guitarra... Qué pasa con el ritmo si le resto el tiempo, si una melodía tiene tonos, podrá también tener colores.... Qué hace en nosotros la múscia...
Escuchá las canciones que están en la barra de la derecha. Si tuvieras que elegir una de acuerdo a cada estrategia de las que se señalan más abajo ¿Cuál te acompañaría durante el recorrido? ¿Por qué?




Estrategias posibles
  • Exposición (presentar los contenidos oralmente)
  • Dramatización (representar personajes y pedir a los visitantes que formen parte de esa escena construida)
  • Método de preguntas (realizar preguntas de diverso tipo al visitante)






lunes, 20 de octubre de 2008

Solos en el Museo

Insólito: desde ahora, las revistas femeninas tendrán que incluir los museos y el teatro de ópera en sus listas de lugares apropiados para conseguir pareja. Así lo indica una tendencia surgida en Nueva York, con la New York Public Library (NYPL), el Museum of Modern Art (MoMA) y la Metropolitan Opera como los nuevos paraísos del romance; si no con la cultura, por lo menos en un espacio de cultura.


El hombre clave detrás del fenómeno es Paul Holdengräber, director de Programas Públicos de la NYPL, para quien, con esta política de difusión basada en el amor súbito, "los leones que vigilan la puerta de entrada van a rugir". Según este licenciado en Filosofía, "pensar es sexy ", y con esa premisa convirtió la biblioteca neoyorquina por excelencia en el eje de las " intellidating " o "citas inteligentes". En una entrevista publicada en el diario madrileño El País , Holdengräber ha dicho que "no hay nada más sensual que acariciar la mente del otro". Más allá de lo que esto signifique, lo novedoso es que semejante idea sirva para unir dos elementos no necesariamente próximos: museo y sensualidad.


El programa se pone en marcha con una serie de conferencias similares a las que siempre se han hecho en la NYPL. Sin embargo, ahora se realizan dos o tres veces por semana y reúnen a un promedio de 700 personas. Para renovar esos encuentros ya clásicos, Holdengräber los rebautizó "Live from the NYPL", cambió el horario (ahora empiezan a las siete, para que puedan asistir quienes trabajan hasta las seis) e inició una política que tiende a transformar la biblioteca pública en un espacio donde se puedan intercambiar ideas. Las conferencias terminan a las nueve, pero en general, de manera relajada e informal, se prolongan hasta las diez. La idea es "reunir a unos cuantos intelectuales de diferentes disciplinas, no porque acaban de publicar un libro, sino porque tienen ideas interesantes que mostrar. Con eso, uno se sustrae a la dinámica comercial de las editoriales y consigue sorprender", subraya Holdengräber. Obviamente, la formación de parejas no es el objetivo principal de la NYPL, pero de hecho su nueva política pública provee a los corazones solitarios un lugar glamoroso y propicio para el encuentro.


Más explícito es el caso de la Metropolitan Opera de Nueva York, que ofrece un programa destinado a solos y solas. Meet Me at the Met (Encuéntrame en el Met) es una serie de cuatro encuentros -dos para menores de cuarenta y otros dos para mayores de esa edad- que literalmente propone la ópera como "un escenario romántico para conocer nuevas personas". Por 95 dólares se accede a un cóctel que tiene lugar antes de la función, luego a la obra misma y finalmente a una fiesta en la que los anfitriones presentan a los asistentes entre sí.


Otro museo que parece haber advertido la amplia convocatoria de este tipo de encuentros es el Museum of Modern Art (MoMa). Esta institución ahora acompaña ciertas muestras con un acto especial, el PopRally, que reúne música, arte y tragos. Para comprar las entradas hay que ser mayor de 21 años, lo que dejaría claro que la concurrencia familiar no es precisamente la deseada. Dentro de este programa, por ejemplo, el pasado 17 de junio los visitantes del MoMA recorrieron la muestra del artista danés Olafur Eliasson mientras disfrutaban del recital del grupo de rock islandés Sigur Rós. ¿Se puede imaginar un ambiente mejor para permitirse descubrir al alma gemela? Difícil saberlo. En todo caso, políticas como ésta reactualizan el debate sobre qué tipo de público mantiene vivo un museo. ¿Aquel que asiste sólo a megaexposiciones de alcance masivo? ¿Los especialistas y estudiosos? ¿O los que van en busca de un encuentro genuino con el arte?
La tendencia de ciertos museos a ofrecer lo que el público quiere también tiene sus detractores. Nicholas Penny, director de la National Gallery de Londres, se pronunció de modo terminante: "Los museos son fuente de conocimiento, no de espectáculo".


Quizá sólo se trate de un nuevo caso de la moda de lo retro, en la que la cultura no parece una excepción. En una nota publicada en The New York Times , el historiador Donald M. Scott recordó que en el siglo XIX las conferencias de autores como Ralph Waldo Emerson y Mark Twain reunían legiones. En el pico de la fiebre por este tipo de lecturas públicas, cerca de 400.000 personas por semana se movilizaban en el norte y el oeste de los Estados Unidos con el fin de escuchar a su escritor favorito. Ahora que lo viejo pretende convertirse en lo más novedoso, los solteros de Manhattan copian a sus ancestros y cambian las barras de los bares enaltecidos en Sex and the City por las butacas de los auditorios y los cada día más románticos pasillos de los museos.


Por María Paula Bandera
Para LA NACION

domingo, 19 de octubre de 2008

Visitantes

Las perspectivas centradas en las teorías sobre estudios culturales se proponen reconocer tres dimensiones en toda experiencia de visita museográfica: la dimensión ritual de la visita (centrada en la experiencia de la otredad y organizada alrededor de espacios y objetos); la dimensión educativa (centrada en la experiencia de adquirir nuevas perspectivas, y organizada alrededor de sistemas conceptuales y afectivos, y contextos de referencia); y la dimensión lúdica (centrada en la experiencia de jugar con las posibilidades de lo imaginario y lo deseable).

Según uno de los más lúcidos e inquietos investigadores de las posibilidades comunicativas e interpretativas de la educación museal en América Latina, el mexicano Lauro Zavala, existen algunas otras tendencias en la investigación contemporánea sobre la comunicación museográfica. Entre ellas, habría que mencionar, por su utilidad heurística, –según la investigación de Zavala– el trabajo etnográfico coordinado por Eliseo Verón en Francia, complementado por la aproximación de Jean Sebeok, en el que se observaron las rutinas más frecuentes en los recorridos que hacen los visitantes en los es- pacios museográficos. En esta experiencia de observación se determinó la existencia de al menos cuatro categorías de visitantes: el visitante ‘pez’ camina por el centro de sala, observando lo expuesto desde una distancia invariable; el visitante ‘hormiga’, en cambio, recorre la exposición siempre próximo a las paredes, atento a no perder la secuencia espacial; el visitante ‘mariposa’ se detiene en ciertos puntos que atraen su atención, a los que dedica mayor tiempo que al resto, y el visitante ‘chapulín’ o saltamontes salta de un lugar a otro, sin una lógica predeterminada y al parecer sin un criterio que determine sus decisiones, dejándose llevar por el impulso súbito que despierta su interés.

Al articular esta tipología de visitantes con las dimensiones paradigmáticas de la experiencia museográfica en general, podría señalarse que el visitante ‘hormiga’ espera agotar las propuestas de la museografía, enfatizando así la dimensión ritual de su visita; por su parte, el visitante ‘mariposa’ presupone que la secuencia debe ser una experiencia de aprendizaje, y dedica de manera selectiva su atención a los objetos que considera más relevantes para este fin. Por su parte, el visitante ‘chapulín’ o saltamontes presupone que la exposición puede ser lúdica, y disfruta creando un recorrido espontáneo y marcadamente personalizado.

Entre estos extremos, el visitante ‘pez’ mantiene una distancia equilibrada ante todas estas opciones de recorrido, y es más un observador de los otros visitantes que un observador de lo expuesto, y con frecuencia es ambas cosas de manera simultánea. De hecho, este último tipo de visitante suele ser el estudioso de los procesos de comunicación, atento a las estrategias de interpretación propuestas por la exposición, así como a las estrategias de interpretación de los visitantes, y a los otros elementos que definen a la exposición como algo irrepetible, como algo articulado en lo que podría ser llamado el ‘discurso museográfico’ de la exposición.


Daniel Castro Benítez: Lapiz y pizarron, peces y saltamontes: Realidades y prácticas latinoamericanas en Arte, Educación y Museos

Daniel Castro Benítez es Director de la Casa Museo Quinta de Bolívar y Museo de la Independencia. Ministerio de Cultura de Colombia. El texto es un fragmento de su clase magistral para la 1ª Jornada Internacional de Educación - La dimensión educativa en los museos de arte y centros culturales llevada a cabo el 27,28 y 29 de junio de 2007 en el Centro Cultural Recoleta. Buenos Aires, Argentina.